
No recuerdo que alguien nos haya presentado.
No.
Sé que el sol relucía en la blanca casa de adobe
aquella mañana,
transparente,
como es la mirada cuando las palabras
callan para dejarle camino al destino.
.
.
.
De entonces han pasado algunos años.
No muchos, algunos.
.
.
.
Hoy amanece,
y suave te levantas
para arropar mi silencio de escrituras,
que poco a poco, comprendes.
Me besas tibio
y con la manta de tus ojos, me abrazas
así como el cielo abraza a la luna
las noches en que cree que todo pudiera derrumbarse.
Incluso,
hasta el mismísimo destino.